Por un home office saludable, productivo y regulado
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La realidad del home office esconde circunstancias que muchas personas empleadas tienen que enfrentar a diario, por ejemplo: poco o nulo espacio de trabajo; horarios que simulan ser flexibles, pero que en realidad permiten que sean solicitados a cualquier hora; falta de equipo de cómputo apto para desarrollar sus labores; complicaciones económicas por el incremento en el gasto del internet y electricidad; problemas de salud debido a malas posturas o largas jornadas de trabajo que evitan tener actividad física… la lista se puede extender muchísimo desafortunadamente. 

 

Por otro lado, el home office ha facilitado la conservación de empleos aunque las personas hayan tenido que cambiar de residencia debido a la pandemia; evitar los traslados en ciudades complicadas como la Ciudad de México resulta ventajoso; se convirtió en una oportunidad constante de aprendizaje sobre las nuevas tecnologías; las rutinas pueden equilibrarse entre la vida laboral y personal; la comodidad de las personas trabajadoras se refleja en un aumento de su productividad.

 

Si bien es cierto que el trabajo remoto tiene sus pros y contras, es innegable que se trata de un método que abre nuevos panoramas laborales más incluyentes que permiten poner al alcance de un mayor número de personas las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías de comunicación. Sin perder de vista sus efectos colaterales como en el mejoramiento de la movilidad, sobre todo en las grandes ciudades, o una mayor conciencia sobre la importancia de la salud mental y emocional de las y los trabajadores. Por todo ello es un tema que requiere de mayor relevancia tanto a nivel legislativo, social y de salud.

 

El home office ya está regularizado en México

 

En enero de este año entró en vigor la reforma a la Ley Federal del Trabajo (LFT) que se encarga de regular el home office en México, fue anunciado en el Diario Oficial de la Federación (DOF). Y se trata de un gran avance para quienes trabajan bajo esta modalidad. 

 

Algunos de los puntos más importantes de esta reforma son:

 

•    El trato deberá ser igual tanto para quienes trabajen en modalidad de home office como para quienes asistan al centro laboral. 

•    Las empresas deberán proporcionar equipo necesario a sus personas empleadas, por ejemplo, computadora y silla ergonómica. Por su parte, las personas empleadas tienen la obligación de cuidar del equipo.

•    Asimismo, las empresas deberán asumir los gastos de internet y electricidad de las personas empleadas. 

•    Las personas empleadoras deberán considerar con perspectiva de género las circunstancias de los trabajadores y trabajadoras con el fin de conciliar la vida personal y laboral. 

•    El derecho a la desconexión evita que fuera de los horarios laborales se les solicite actividades a las personas trabajadoras. 

 

Se trata de un gran paso para asegurar que los derechos laborales se cumplan tanto en los centros laborales como en los hogares de las personas trabajadoras, ahora sólo resta que las acciones se materialicen tal y como han sido dictadas. Es responsabilidad de empresas y personas trabajadoras asumir las responsabilidades y exigir el respeto a dicha regularización para poder fomentar un teletrabajo saludable y productivo que beneficie a ambas partes.

 

Acciones en pro de un home office saludable y productivo

 

Aunque un año resulte un periodo considerable de adaptación, lo cierto es que se trata sólo del inicio de una nueva forma de concebir el trabajo de actividades que puedan desempeñarse desde cualquier lugar. Aún queda un largo camino de aprendizaje. Te compartimos algunas acciones que pueden implementar desde ya tanto empresas como personas empleadas para mejorar las jornadas del trabajo remoto:

 

•    Una comunicación abierta es esencial. Escuchar a las personas empleadas es vital para conocer las circunstancias en las que viven la jornada desde sus espacios para conocer sus necesidades o complicaciones. De este modo, se pueden proponer procesos de trabajo que faciliten sus labores. 

•    Evitar las lesiones músculo-esqueléticas. Lo más recomendable es hacer pausas a lo largo del día, acompañadas de estiramientos y, de preferencia, contar con una silla cómoda que permita mantener una buena postura. 

•    Establecer rutinas. Aunque los horarios resulten más flexibles, es preferible que seccionar las actividades del día, donde se incluya la jornada laboral, los horarios de comidas, descanso, recreación y, si es el caso, convivencia familiar.

•    Conocer las circunstancias propicias para la concentración. El autoconocimiento es clave para propiciarnos un ambiente de acuerdo a nuestras necesidades, por ejemplo, saber si se trabaja mejor con o sin música, bajo métodos de concentración —como el método Pomodoro, por ejemplo—, por las mañanas o por las tardes. Todo eso ayuda a establecer rutinas que eviten el estrés y la procrastinación.

•    Respeta la desconexión. Es vital dividir los espacios laborales y privados — no sólo los espacios físicos, también los temporales—, tanto los propios como los ajenos. Evita por completo enviar mensajes o correos fuera del horario laboral. Es recomendable hacer uso de la programación que ofrecen los servidores de correo electrónico para enviar los mails a primera hora de la jornada laboral.